La Fundación Francisco Godia, arte exclusivo abierto a todos.
A finales de 1999 abría sus puertas la Fundación Francisco Godia, en un piso de 400 m² de la calle de Valencia, junto al paseo de Gràcia. Liliana Godia, la hija pequeña del industrial, piloto de automovilismo y coleccionista de arte Francisco Godia, fue su impulsora. De su padre, un lince de los negocios y una celebridad en los años cincuenta que merece una entrada en este blog, Liliana Godia heredó más de 4.000 obras de arte, entre pinturas, esculturas, cerámicas y objetos de gran valor.
Cuando se inauguró la fundación, ya hacía diez años que Francisco Godia había muerto así que Liliana Godia concibió el museo como un tributo a su padre. Abriendo al público los tesoros artísticos que había acumulado Paco Godia en su residencia familiar de Pedralbes, en la mansión El Conventet.
Aunque la sede de la calle de Valencia tenía un espacio reducido, la fundación, bajo la dirección de Sara Puig, montó un vibrante recorrido por el arte desde el siglo XII hasta el siglo pasado, con obras medievales de primer nivel así como pinturas de finales del XIX y principios del XX. Aparte de su colección permanente, la fundación se especializó en las exposiciones temporales de coleccionismo privado, un planteamiento poco conocido, y no muy habitual ya que las grandes familias de la ciudad han sido por décadas renuentes a mostrar sus joyas a los extraños y la donación o la exhibición de sus legados es aún hoy en día más la excepción que la regla.
Rompiendo pues el discreto silencio de los patricios, en el año 2001 se exhibió una exposición de dibujos de la colección particular de Juan Antonio Samaranch, nunca antes mostrada. Un acontecimiento cultural de primer orden que animó a otros coleccionistas, hasta entonces demasiado recelosos, a mostrar parte de su patrimonio artístico. Tres años después, Carmen Buqueras, viuda del galerista y coleccionista Salvador Riera, también se atrevió a enseñar su fondo de cristalería art nouveau y art déco. Otra exposición importantísima organizada por la fundación en sus diez años de vida fue, ya para 2005, una completa muestra de cerámica catalana. Que fue, por cierto, la primera exposición monográfica de cerámica catalana que se hacía en Barcelona.
El intrépido carácter de Francisco Godia fue leyenda entre la timorata burguesía de Barcelona. Cuentan los que conocieron a Paco que a la hora de correr nada le daba miedo. Había llegado incluso a disputar tres competiciones el mismo día. Sus coches, además, eran de lo más dispares. Que aquello fue su pasión lo demuestra la longevidad de su carrera de piloto: 23 años desde su debut en 1947 participando en 25 Grandes Premios de Fórmula 1. Hasta la llegada de Fernando Alonso, crack de cracks, su palmarés no había sido superado por ningún otro piloto español.
"Correr es lo más bonito del mundo. Sin discusión. No hay nada que me haya gustado tanto como correr en automóvil ni nada que me haya producido más satisfacciones", llegó a afirmar este fanático de la velocidad. Pero las excentricidades del niño Godia no eran finalmente un problema para sus allegados. Por status pertenecía a la buena sociedad y por fidelidades políticas fue siempre fiel a Francisco Franco y al régimen que nació del golpe de estado de 1936.
Su papel en la industria catalana es otra cosa. Y no es menor. Godia abandonó la competición en 1969. Aunque siguió vinculado al mundo del motor –con el impulso a la construcción del Circuit de Catalunya, por ejemplo-, su exitosa vida como hombre de negocios se debió a sus actividades como empresario, centrado en los negocios familiares; con Iberpistas fundó el primer túnel de peaje en España, el túnel de Guadarrama. Luego, ejerció un papel destacado al frente de la presidencia de la compañía química catalana Cros S.A., que de un cash-flow negativo de 1.000 millones de pesetas en 1983 pasó a un cash-flow positivo de 640 en 1985, toda una remontada en tiempos de crisis industrial.
Su pasión por el arte, otra de las tareas del patricio Godia, empezó con una pequeña colección heredada de su padre y culminó en toda una Fundació que recoge el legado del empresario y coleccionista, fallecido en su ciudad natal en 1990. Esta fundación que hoy podemos visitar para deleite de todos.